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Traduciendo por dos platitos de arroz
La globalización sirve solo a una de las partes: al fabricante de zapatillas o a los trabajadores explotados en Asia (que cobran miserables platitos de arroz a cambio de productos que se venden a precios altísimos). A las agencias explotadoras o a los traductores.
Había una vez una situación cambiaria en la Argentina. De un día para el otro, un peso dejó de valer un dólar. La relación pasó a ser de 3 a 1.
Como el fabricante de zapatillas que va en busca de mano de obra barata, algunas agencias extranjeras salieron a buscar intelecto de obra barato. ¿Por qué seguir pagando USD0,10 por palabra si al reducir la tarifa internacional a un tercio (USD0,03), los traductores seguirían cobrando la misma tarifa que cobraban en el mercado local? (por entonces, unos ARS0,10, es decir, aproximadamente USD0,03). A pesar de que en situación parecida se encontraban otros colegas latinoamericanos, los traductores más buscados fueron los argentinos: la formación universitaria en nuestro país es muy conocida y valorada en el mundo.
Muchos traductores continuamos trabajando para agencias extranjeras con las mismas tarifas. Como profesionales que somos, nuestros honorarios deben ser los mismos si vivimos en Buenos Aires o si nos mudamos a Durban. Lamentablemente, no todas las agencias mantuvieron las tarifas: muchas decidieron aprovechar la situación cambiaria para ganar más que antes.
Estas agencias dependían, fundamentalmente, de la grave situación económica que vivían muchos colegas y de la desinformación. Los colegas que sí conocían la existencia de un mercado internacional de la traducción se mantuvieron firmes. Sabíamos que, si bien USD0,03 era (hace 10 años) una tarifa cercana a la tarifa local, continuar en la profesión se hacía cada vez más difícil: asistencia a cursos, pagos de membresías, mantenimiento de la PC y todo el software necesario, etc. Es decir que jugar en las grandes ligas (el mercado internacional) exige inversiones de las grandes ligas. No podemos cobrar a los clientes del extranjero (sean clientes directos o agencias) lo mismo que cobramos a los clientes locales. No es comparable el mercado local con el internacional desde ninguna lectura.
Sin embargo, la gran mayoría de traductores no tenía idea sobre la existencia de dos mercados (local e internacional) con diferentes operatorias y diferentes tarifas. Al no saber, comenzaron a aceptar estos proyectos, ¡inclusive con alegría!
Muy pronto el mercado comenzó a sentir los efectos. Quienes intentábamos continuar trabajando para el exterior con las tarifas de siempre comenzamos a notar una drástica caída de los trabajos. La respuesta era siempre la misma: ¿por qué te pagaría USD0,10 si tengo cientos de argentinos que trabajan por USD0,03?
Casi al mismo tiempo, en listas y foros de traductores, comenzó una campaña para "avivar colegas", pero todavía había muchísimos traductores que no "sabían": empezaron a aceptar las propuestas aprovechadoras y a destruir el mercado (muchas veces, sin saberlo). Otros aceptaban por mediocridad ("por lo menos tengo esto") o por necesidad extrema. Sin embargo, no es este último grupo el que destruyó nuestro mercado. Como decía antes, todo dependió, fundamentalmente, de los colegas "desinformados".
Éramos pocos y parió la abuela
Un buen día, comenzaron a aparecer agencias en la Argentina. ¿Y qué hicieron? La mayoría hizo exactamente lo mismo que las agencias aprovechadoras del extranjero. Estas agencias se localizaron fundamentalmente en Córdoba, Rosario y Buenos Aires. La comunidad pronto comenzó a saber cuánto pagaban: a los traductores internos, sueldos miserables de ARS1.200 (menos de lo que cobra una recepcionista), como traductores independientes (freelancers), tarifas abusivas de ARS0,06 por palabra, ¡una tarifa muy inferior a la que cobrábamos hace 15 (QUINCE) años en el mercado local! Aceptar esa tarifa es aceptar una tarifa que ofende a la profesión. Es atentar contra el propio futuro.
Si bien hoy esos pesitos miserables pueden ayudar a comprar un nuevo jean (porque vivimos con papá y mamá, y queremos experiencia), dentro de no mucho tiempo, necesitaremos esos pesitos para pagar el ABL o el seguro del auto o el jardín de los hijos. ¿A quién deberíamos culpar, entonces, si en ese futuro no tan lejano, encontramos un mercado deprimido? ¡A nosotros mismos!
A los traductores que alegan sus ganas de empezar a ganar experiencia en la profesión, los más veteranos les recomendamos que, en todo caso, lo hagan traduciendo para las distintas ONG existentes. Si vamos a "regalar" nuestro tiempo, que sea para organizaciones de beneficencia, no para los bolsillos de un par de vivos.
Un poco de historia
El puesto de traductor interno era casi inexistente antes de la debacle financiera de la Argentina y el consecuente nacimiento del "traductor argentino barato".
Para dar un ejemplo, a la hora de fijarse mi sueldo como traductora interna de un banco internacional, se asimiló mi perfil al de traductoras que trabajaban para estudios jurídicos o para algunos bancos. Me refiero a "traductoras traductoras", y no al híbrido "secretaria-traductora" y similares. El cargo de traductor interno no abundaba. En el año 2000, comencé a trabajar por un sueldo de ARS3.500. Ese fue el sueldo que me propuso RR. HH. luego de analizar el perfil del cargo que yo ocuparía. Ese era un sueldo justo para una profesional de la lengua.
Hace unos meses, hice investigaciones con empresas y consultoras para actualizarme sobre los sueldos de los traductores internos. Una de ellas, que no tiene el perfil de este puesto entre los perfiles que ofrece, me informó que, en el caso de necesitar definir un sueldo para alguna empresa que los consultara, lo asimilarían al de un analista senior. ¿Y de qué números hablamos? De sueldos entre ARS5.000 y ARS5.500. Estoy hablando de puestos de traductor interno serio, no de estos nuevos traductores Wal-Mart en línea de producción, que cobran menos que una recepcionista.
Las agencias argentinas, sin embargo, optaron por ofrecer sueldos miserables, sueldos que ofenden a cualquier traductor profesional.
Estas agencias, como se imaginan, comenzaron a lograr proyectos enormes en el extranjero. Bien pronto, tuvieron líneas de producción de 10, 20 ó 30 traductores. Traductores baratos y explotados. Según información dada por las mismas agencias, su cotización en el exterior ronda los USD0,07 (mientras que el promedio del mercado internacional ronda los USD0,10) .
La conclusión es simple y fácil de sacar: dumping en EE. UU. y explotación en la Argentina. Menciono EE. UU. porque la mayoría de los proyectos nace ahí y porque bien sabemos la importancia que en ese país se le da a las leyes del mercado, a romper el mercado y, como digo, al dumping. Tarifas más bajas afuera, tarifas/sueldos de miseria acá: un gran negocio... para ellos. Un jaque mate para la profesión.
¿Que si la historia terminó y si alguien comió perdices? Los únicos que comen perdices son un par de agencieros.
Siempre que llovió, ¿empeoró?
Lamento traer otra mala noticia: la historia empeoró más todavía. (Más para nosotros, claro)
Los agencieros consiguieron un objetivo ¡todavía mejor! ES-TU-DIAN-TES. Mediante campañas en universidades varias y otras instituciones en las que se estudia traductorado, comenzaron a conseguir estudiantes como intelecto de obra todavía más barato. La "excusa" es ofrecer pasantías, pero la meta es otra.
Marcos que engañan
En congresos sobre traducción, se empezó a lavar la cabeza de los colegas desinformados ofreciendo espejitos de colores. En el caso de los estudiantes, la cosa fue más fácil porque en el 99,9% de los casos, ellos no participan en foros y listas. No solo aceptan encantados, sino que ¡se sienten agradecidos! ¡Se sienten tocados por la mano de los agencieros! ("la mano invisible", diría alguien).
Además de participar en congresos, las agencias se las arreglaron para tener presencia en asociaciones de traductores (por ejemplo, en el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires). Esto les da un marco de confiabilidad que aprovechan a su favor, claro.
Como todavía la cosa puede estar peor, anotemos que algunos docentes universitarios explican a sus alumnos que una tarifa de ARS 0,06 es ¡correcta!
Cuando levantamos la voz contra la explotación de traductores, las agencias nos responden que "nadie los obliga". ¡No seamos ingenuos! El marco que los agencieros arman acercándose a universidades, asociaciones y congresos da un obvio "sello" de oficialidad y de legalidad a las propuestas. ¿Cómo dudar de la posibilidad que se me ofrece en el marco de "mi" universidad? ¿Cómo dudar de lo que me dice un profesor o de lo que se me explica en una asociación de y para traductores? En mi mundo, eso se llama marketing o "garketing" (como prefiero llamarlo). Anzuelos. Propuestas engañosas.
Final abierto
Yo entiendo perfectamente que este es el negocio de los agencieros explotadores. Hay un problema: el negocio de estos bolseros de la traducción choca con el mío, con el tuyo, con el de cientos de traductores que abogamos hace años por una mejor situación profesional. ¡El mercado ya existía antes de que ellos llegaran a deprimirlo para llenar sus bolsillos!
Wal-Mart aniquiló a muchísimos almaceneros, globalización mediante.
El final de nuestra historia lo escribiremos todos nosotros. Los almaceneros no pudieron oponerse a Wal-Mart. Desaparecieron. ¿Queremos lo mismo para nuestro futuro?
Aurora Humarán
Este artículo fue escrito para Traduba http://www.traduba.com.ar
Ilustrado por Juan Manuel Tavella www.hombreilustrando.com.ar |
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