Me gustaría empezar este artículo
diciendo: "Hola, mi nombre es Michelle y soy intérprete de conferencias",
pero temo que los lectores comiencen a palmearme la espalda y a alcanzarme
pañuelos descartables. Sin embargo, recuerdo la película "Confesiones
Verdaderas" y creo que quizás no sea una mala idea hacer algo similar en
este artículo, ya que se adapta bien al tema que quiero abordar: la identidad profesional desde la
perspectiva de una intérprete de conferencias.
Muchos lectores advertirán que
este tema guarda relación con el elegido para la reciente cumbre de
InterpretAmerica, que contó con el patrocinio de AIPTI, y que me sirvió de
inspiración. Pero, en vez de abordar la cuestión de la identidad profesional
mediante una descripción de lo que es un intérprete de conferencias, he
decidido que será mucho más interesante
hacerlo al revés y detallar principalmente lo que un intérprete de
conferencias no es, o al menos lo que yo no soy. Una vez que haya confesado
todo lo que no hago, me concentraré
específicamente en eso a lo que sí me
dedico. Después, intentaré sacar algunas conclusiones para que los lectores
puedan ponerlas en práctica (¡espero que esta promesa de aprendizaje los
aliente a seguir leyendo hasta el final!).
PARTE UNO - LO QUE NO HAGO
No enseño idiomas. Aunque parezca extraño, mi pasión por
los idiomas y mi amor por la enseñanza no se han combinado de modo tal de
convertirme en una buena profesora de idiomas. Lo sé porque he sido muy
afortunada y he tenido muchos profesores excelentes a lo largo de los años, y yo no puedo hacer lo que ellos hacen.
Nunca logré encontrar formas interesantes y creativas con las que explicar las
complejidades de un idioma extranjero a otras personas.
Además, carezco por completo de
las toneladas de paciencia necesarias para enseñar idiomas. Lo compruebo cada
vez que miro la expresión seria de mi profesora de portugués, quien no revolea
los ojos y me explica, feliz y por decimoséptima vez, la diferencia entre el futuro do conjuntivo y el infinitivo pessoal, y por qué yo, tan
burra que soy, no puedo usar fizermos
y fazermos indistintamente. Para alguien que enseña idiomas, la
paciencia no es una virtud, sino una táctica de supervivencia.
No hago interpretación
comunitaria. Esto se debe a
que, honestamente, estoy segura de que ningún tribunal u hospital me aceptaría.
Soy una de esas intérpretes de conferencias que tienen un solo idioma
"activo" (inglés) y varios idiomas "pasivos" (francés,
alemán, español, holandés, y quizás ?algún
día? portugués). Solo interpreto hacia el inglés desde todos los demás idiomas
que hablo, pero no al revés. Esto es muy poco útil para cualquiera que esté en
una situación comunicativa en la que sea necesario un intérprete que trabaje
hacia ambos idiomas, como ocurre con la interpretación comunitaria.
Además, no cuento con la capacitación ni la certificación necesarias para hacer
este tipo de trabajo especializado. La certificación es una de las
cuestiones que se debatieron en la cumbre de InterpretAmerica, y es algo sobre
lo que tengo una opinión bien formada. Existen distintos tipos de
interpretación y, por ende, sería ideal que existiesen distintos tipos de
capacitación formal y certificación para cada una de ellas. Hace mucho tiempo,
tuve la suerte de participar en el dictado de un curso de interpretación
comunitaria durante algunos años (hay algunas capacidades que se superponen,
como las relacionadas con la memoria, la toma de notas consecutiva, la
adquisición del idioma, los campos de especialización, etc.) y vi con mis
propios ojos que las dos profesiones son diferentes y que yo no estoy hecha
para ser intérprete comunitaria.
No soy traductora. Me temo que perdí ese tren. O debería
decir que lo tomé alguna vez, pero me bajé hace doce años para dedicarme a la
interpretación. Hace poco, cuando intenté volver a tomar ese tren, me di cuenta
de que ya había partido de la estación.
En mi opinión, los cambios en el
sector de la traducción, generados en gran medida por la globalización y, en
particular, por la llegada de las herramientas de traducción asistida por
computadora (CAT, por sus siglas en inglés), han revolucionado por completo el panorama de la traducción en la
década durante la que me alejé de esta actividad. Hoy por hoy, si quisiera
ser traductora profesional a tiempo completo, debería volver a capacitarme. Lo
sé porque vivo con un traductor profesional, así que sé de primera mano lo que
implica trabajar de esto en la actualidad.
Mi media naranja se pasa los días
en un estado de ?fusión mental? con sus memorias de traducción, sus TagEditor,
sus MultiTerm y todas esas cosas, mientras yo observo, maravillada, por encima
de su hombro. En ocasiones me ofrece generosamente iniciarme en el fabuloso
mundo de Trados, Transit, Across y todas esas herramientas con nombres
interesantes sin las cuales los traductores hoy no pueden vivir, pero me encojo
de hombros con timidez y me pregunto cómo es que pasó todo tan rápido.
A veces hago alguna que otra
traducción, pero suele ser para clientes que se quedaron, como yo, en el siglo
veinte: ese tipo de cliente que no me exige versiones limpias y sucias de los
archivos y que considera que "en algún momento de la semana próxima"
es una fecha de entrega razonable. Disfruto del rigor intelectual que es
necesario para traducir, pero no puedo seguir el ritmo de los profesionales
actuales.
No investigo sobre interpretación,
¡pero me encantaría! Una cosa es poder interpretar, y otra es entender porqué y
cómo se interpreta. Gracias al excelente trabajo de quienes investigan sobre la
interpretación, podemos comprender cada vez más este proceso. En mi próxima vida, me dedicaré a
investigar y lo disfrutaré cada minuto. En esta vida, me conformaré con
leer los resultados de las investigaciones de otros.
No soy revisora/correctora.
Momento, ¡sí lo soy! He descubierto que este trabajo se complementa
perfectamente con la interpretación en cabina.
Cuando uno está en cabina, tiene un solo intento (o, como dice
Franz Pöchhacker, tiene la oportunidad de crear ?una primera y última interpretación en un idioma meta [?] sobre la base
de una única emisión en un idioma fuente?). Como resultado, al final del
día uno suele sentir que no salió del todo bien o que, si tan solo hubiera
podido intentarlo de nuevo, lo habría hecho mejor (por lo menos, eso me pasa a
mí).
Cuando reviso o corrijo textos
escritos por otros, por otra parte, lo puedo intentar dos, tres o las veces que
quiera (ya dije que no trabajo para clientes que tienen fechas de entrega
ajustadas). Puedo releer y cambiar un texto hasta que me suene bien. Este es el
antídoto perfecto para cuando siento, después de un día de interpretación, que
no fui lo suficientemente buena; es la
válvula de escape ideal para la perfeccionista encubierta que hay en mí
(esa que tuve que reprimir para poder sobrevivir como intérprete de
conferencias).
PARTE DOS - LO QUE SÍ HAGO
Si le preguntaran a mi hijo de
seis años a qué se dedica su mamá, probablemente diría que algunas veces al mes
viajo a otra ciudad para trabajar en una reunión. Diría que paso gran parte del día en una cabina de
vidrio escuchando por un auricular y hablándole a un micrófono. Diría que
ayudo a las personas que no hablan el mismo idioma a que se digan cosas. Y, a
decir verdad, es un muy buen resumen. (Si le preguntaran a mi hija de tres años
a qué se dedica su mamá, es probable que diga que viajo en avión y duermo mucho
en hoteles, lo que también es verdad).
Lógicamente, podría darles más
detalles, pero para eso ya existen distintos recursos en línea que lo hacen muy
bien. Por ejemplo, los artículos de la AIIC ?Un día en la vida de un intérprete
de conferencias? (http://www.aiic.net/ViewPage.cfm?article_id=1282&plg=3&slg=1)
y ?How we work? [Cómo trabajamos] (http://www.aiic.net/ViewPage.cfm/article1097.htm,
en inglés), dan una idea bastante precisa sobre lo que hacemos día a día los
intérpretes de conferencias.
Permítanme hacer publicidad descarada
de mi propio blog sobre la interpretación de conferencias, llamado The Interpreter Diaries (www.theinterpreterdiaries.com),
que actualmente está abocado a cuestiones relacionadas con la capacitación de
intérpretes, pero que en algún momento hablará sobre la esencia de la vida cotidiana
y el trabajo de un intérprete de conferencias.
PARTE TRES - POR QUÉ Y CÓMO LO
HAGO
A esta altura ya he confesado que
no soy muy creativa ni tengo mucha paciencia. También he admitido que no soy
bilingüe en forma activa (no se dejen engañar por mis ganas de charlar en
distintos idiomas, ¡no sirvo para interpretar hacia otro idioma que no sea
inglés!). Tampoco soy muy fanática de la tecnología (de nuevo, tener BlackBerry,
blog, páginas en Facebook y cuentas en Twitter son solo una cortina de humo
para ocultar mi ludita interna). ¿Qué es,
entonces, lo que me convierte en una buena intérprete de conferencias?
Un buen punto de partida podría
ser mi curiosidad insaciable (eso
que me hace leer los periódicos de principio a fin una y otra vez, lo que
genera miradas curiosas de otros pasajeros en los aeropuertos). Y también
podría mencionar el hecho de que me
sienta bien el estrés y la
consecuente adrenalina (que siempre es útil cuando la situación en la cabina se
pone difícil). También me encantan los nuevos
desafíos (aunque tiendo a aburrirme fácilmente, por lo que es bueno tener
una reunión distinta cada semana). Soy excelente para trabajar en equipo (indispensable en la cabina, donde siempre se trabaja
con uno o más colegas, pero igual de valioso en el mercado de la
interpretación, regido por la ley de la selva, y en el que estar unidos suele
ser la única manera de sobrevivir como profesionales). Otra cosa: soy una
purista de la calidad y los estándares
elevados (si le preguntan a mis estudiantes de interpretación, les garantizo
que dirán que puedo llegar a aburrirlos con este tema).
PARTE CUATRO - ¡A PONERLO EN
PRÁCTICA!
Y así llegamos al aprendizaje del
día. Después de todo el tiempo que dediqué a hablar de qué hago y qué no, quizá
piensen que mi mensaje final tendrá que ver con eso que distingue a las
diferentes profesiones del idioma. Por el contrario: si quiero que quede algo
claro, es que tenemos que concentrarnos
en lo que nos une. Nuestras distintas capacidades, aptitudes y
especializaciones no deberían usarse como excusa para dividirnos y vencernos.
Es probable que los diversos
grupos de profesionales del idioma tengan mucho más en común de lo que
pensamos: nuestro amor por los idiomas,
la pasión por lo que hacemos y, sobre todo, nuestro compromiso con la calidad y
los estándares elevados. En el fondo, todos trabajamos bien en equipo,
porque si no lo hiciéramos no habríamos creado tantas asociaciones y grupos
distintos para defender nuestra profesión. Yo soy parte de la AIIC (Asociación
Internacional de Intérpretes de Conferencias) y la AIB (Agrupación de
Intérpretes de Barcelona); AIPTI es un excelente ejemplo de una asociación
interdisciplinaria. La lista es prácticamente infinita. Una rápida mirada a la
lista de blogs de la página web Bootheando (www.bootheando.com)
muestra más de 36 asociaciones de traductores e intérpretes distintas, y esa es
apenas una selección del total.
Los
objetivos de nuestras asociaciones, más allá de cómo se formulen, suelen ser
los mismos: promover nuestra profesión,
garantizar la calidad y los estándares laborales elevados, y ayudarnos
mutuamente como profesionales. Pero, antes de que empiecen a llenárseme los
ojos de lágrimas y que tengan que alcanzarme pañuelos descartables otra vez,
permítanme que les deje una enseñanza para poner en práctica: no debemos dar
por sentada ni ignorar esta solidaridad entre colegas. Nosotros, los
profesionales del idioma, debemos seguir manteniéndonos unidos y trabajar para alcanzar
las metas en común. Nuestro futuro
profesional depende de ello.
Michelle Hof
Traducción de Romina Berardi
Michelle Hof es intérprete de
conferencias y profesora. Es miembro de AIIC (www.aiic.net)
y de AIB (www.aibcnet.com), y profesora en
el máster en Interpretación de Conferencias en la Universidad de La Laguna (www.ull.es/masteric). También es la
autora de The Interpreter Diaries (www.theinterpreterdiaries.com),
un blog que trata de la vida y el trabajo de un intérprete de conferencias. Es
originaria de Canadá y en la actualidad vive en Tenerife, España.