La redefinición orwelliana de la calidad de las traducciones El enorme entusiasmo por las wiki, las largas colas, la mentalidad de enjambre y así sucesivamente da lugar a la presunción de que se irá depreciando una profesión tras otra. Las multitudes conectadas digitalmente prestarán cada vez más servicios de manera voluntaria y colectiva, desde la cura de enfermedades hasta la resolución de delitos, y un día todos los trabajos se harán de esa forma.
Jaron Lanier, You Are not a Gadget
Imaginemos a un representante de ventas de Walmart irrumpiendo en una convención de joyeros artesanos con una presentación de PowerPoint titulada "Circonita: La última moda en artículos de lujo". Los joyeros, ofuscados, seguramente argüirían que es posible que la presentación sea muy interesante, pero se encuentra un tanto fuera de lugar. No es el contexto adecuado para exponerla. Probablemente hasta se quejarían del mensaje de que la circonita es tan buena como un diamante real. Mejor dicho: es aún mejor. Sí, podrían armar un escándalo por eso. Y si el representante de Walmart afirmara que deberían bajar los precios en un 500 %, tratar de vender diez veces más diamantes falsos y enriquecerse con un escasísimo margen de ganancias, creo que los joyeros terminarían sacando a patadas al caballero. Imagino que, si se les preguntara, estos pequeños empresarios manifestarían que admitir a Walmart en su convención, incorporarla como miembro y permitirle promoverse como integrante de la Asociación de Joyeros Artesanos en cierta forma degradaría la identidad de su marca colectiva.
Como vemos, la razón por la que damos más valor al diamante que a la circonita puede ser irracional, pero la diferencia entre el diamante y la circonita es muy real. No sabríamos explicar la diferencia entre Perros jugando al póquer y La noche estrellada de Van Gogh, pero es muy, muy real. Del mismo modo, es muy real la diferencia entre una traducción precisa y bien redactada, y las escorias de mil palabras por hora producidas por el roedor bilingüe promedio. Puede que sea difícil explicar esa brecha a un extraterrestre (o a un informático), pero es eminentemente comercializable.
Afirmar que no existe brecha alguna es una aseveración muy grave (y profundamente falaz). Es una aseveración que debilita la tesis de la calidad, que --he llegado a concluir-- es, cada vez más, lo único capaz de permitir a los trabajadores autónomos y las agencias medianas forjarse un porvenir. ¿Qué gana la profesión de la complacencia con los proveedores de servicios lingüísticos en masa que ofrecen una calidad inferior? Nada. Menos aún cuando lo que pretenden es llevarse nuestra tajada y proletarizar la profesión al relativizar el concepto de calidad.
Miguel Llorens
Traducido por Natalia Rezzonico
Ilustración: Juan Manuel Tavella
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