Sí. Los traductores argentinos estamos a tiempo
Podríamos estar hablando sobre un mercado en el que los muchos traductores argentinos (reconocidos en el mundo por la sólida formación académica) pudieran decir con satisfacción que tienen mucho trabajo. Con un mercado argentino todavía deprimido por el coletazo de aquel helicóptero inolvidable -emblema del comienzo de la crisis del 2001-, al que se suma una inflación que no perdona, el mercado internacional sería (debería ser) la solución para que los cientos, miles de traductores argentinos pudieran vivir como se merecen.
¿Y por qué, entonces, arranca el párrafo anterior con una condicional? Porque la garra nefasta de la globalización (la mano "muy" visible) hizo lo suyo a favor de una distribución injusta de la que hubiera sido una gran oportunidad laboral para muchos colegas.
La mayoría de los colegas argentinos sobrevive y solo unos pocos vivos se han enriquecido con la situación. Al mercado internacional, la maniobra le ha hecho un flaco favor. De la profesión en sí, mejor no hablar: un traductor de raza debe sentir cuando menos asco si escucha hablar de la traducción como de un commodity.
En una primera etapa, las agencias del extranjero fueron tentando a los colegas argentinos para que trabajaran por honorarios paupérrimos. La combinación de la necesidad de los colegas con su falta de información fue letal. El mercado se desplomó con rapidez. Algunas agencias del extranjero fueron más allá (o más acá, debería decir): se establecieron en la Argentina. Todavía están entre nosotros y, para colmo de males, han servido de inspiración a un sinnúmero de agencias argentinas que copiaron el modelo: consiguen los trabajos en el extranjero y pagan miserias a los traductores a quienes contratan (como traductores de plantilla o como autónomos). En muchos casos, el margen de ganancia es impresionante. Por ejemplo, cotizan 0.24 USD en Alemania y pagan 0.02 USD en la Argentina (o menos, si pensamos cuanto "le cuesta" al agenciero la palabra del traductor interno). En otros casos, el daño todavía es mayor porque algunos agencieros deprimieron el mercado internacional también. ¿Cómo? Cotizando por debajo de los honorarios esperados. Rompen el mercado internacional, explotan localmente. Los lomos argentinos resisten y los márgenes son suculentos. Los que ganan plata son unos pocos.
En tiempos en que los colegios y asociaciones han ajustado los honorarios recomendados para acercarse a los 0.30 ARS por palabra (¡bienvenidos estos ajustes!), las agencias explotadoras pagan honorarios insultantes de 0.09, 0.08 ó 0.07 ARS. Algunos agencieros todavía pagan menos, y los profesionales miramos con preocupación el carnaval en que se ha convertido la profesión. Los agencieros se consolidan en congresos, en universidades y en asociaciones profesionales. Su poder crece y la realidad de los traductores es inversamente proporcional. O se trabaja por esos insultantes 7 centavos que paga aquella agencia cordobesa, o se acepta lo que dice la profesora de aquella otra universidad ("está bien cobrar 0.06 ARS"). Y ante todo: los cerebros de los traductores se van vaciando con esmero para que entre una idea conveniente (¡para los agencieros, claro!): que la mejor situación posible es ser traductor interno de las agencias explotadoras a cambio de sueldos ofensivos, miserables pagos de entre 1200 y 2000 ARS, una vergüenza para la profesión, un futuro negro para todos.
Quienes amamos la profesión y sabemos que se puede vivir de ella, y vivir bien, no nos cansamos de alentar a los colegas mas jóvenes para que se informen, para que consulten con quienes están mas consolidados y .por sobre todas las cosas: para que no sean cortoplacistas. Los 0.07, 0.08 o 0.09 ARS miserables que hoy alcanzan para comprar un jean ("porque, total, vivo con papá y mamá") no alcanzarán para nada el día que los apetitos sean otros.
Si optamos por vivir la profesión desde la burbuja de lo que nos sirve hoy, el día que nos frotemos las manos paladeando mejores ingresos veremos que el mercado nos ofrecerá los mismos 0.07, 0.08 ó 0.09 ARS que ayudamos a consolidar (o ¡quizás menos!)
¿Por qué nos debería sorprender el mercado que favorecimos con nuestra actitud cortoplacista?
¿ Se puede cambiar el escenario? Se puede. Se debe.
1. Consultemos los honorarios que recomiendan las asociaciones profesionales. Comprobaremos lo lejos que están esos honorarios de las miserias que ofrecen muchos agencieros.
2. Entendamos que si la opción que más nos sirve es la de ser traductores internos, ese sueldo de traductor interno jamás debería ser inferior a los 6000 o 7000 ARS.
3. Consultemos a los colegas mas consolidados. Somos parte de un sistema, y a todos sus integrantes nos conviene que la información fluya libre y sana entre los profesionales de bien.
Aurora Humarán
Escrito para Fundéu: http://www.fundeu.es/IMAGENES/revistaPDF...656250.pdf
Ilustrado por Juan Manuel Tavella www.hombreilustrando.com.ar
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